De pleSbicitos y plebiscitos

Desde el proyecto de pleSbiscito de Rodríguez Saa ha pasado bastante tiempo (así como unos cuantos presidentes). Pero lo que nos importa en este caso es que todo vuelve y hoy nos encontramos con un resurgir de este tipo de propuestas por parte de nuestros políticos.

Desde el proyecto de pleSbiscito de Rodríguez Saa ha pasado bastante tiempo (así como unos cuantos presidentes). Pero lo que nos importa en este caso es que todo vuelve y hoy nos encontramos con un resurgir de este tipo de propuestas por parte de nuestros políticos. A los efectos de una mejor exposición me gustaría dividir esta moda en dos grupos diferentes: por un lado encontramos a los plebiscitos en el estricto sentido de la palabra. Ellos son los que pretenden consultar a la población sobre la autonomía municipal; el destino de la empresa Aguas Provinciales, y acerca del uso y disfrute de la costa rosarina. En el otro grupo hallamos a las personalidades que (auto)proponen ser plebiscitadas en las próximas elecciones: el presidente Kirchner y el intendente Lifschitz.

Quienes impulsan las propuestas del primer grupo, como decía, desean consultar a los ciudadanos sobre diversos temas -lo que es muy saludable para la democracia-. Sin embargo, prefiero en este caso que sea la desconfianza que me generan los propulsores de estos proyectos, más que el fervor cívico-participativo, la que motive mis reflexiones. Además no caben dudas que es requisito esencial de una vigorosa democracia la crítica y la atenta observación de las acciones del poder.

Comencemos entonces por dudar de la supuesta conversión de éstos políticos tradicionales en fanáticos partidarios de la democracia directa. De la ausencia por años de cualquier tipo de consulta pasamos a lo que está en vías de transformarse en una suerte de fetiche plebiscitario. No extrañaría que en poco tiempo alguien lance la idea un plebiscito para definir si plebiscitamos tal o cual cosa, con las consecuencias lógicas que ello traería aparejado. Esto, combinado con el contexto de campaña en donde son emitidas las propuestas, deja abierta la posibilidad a que simplemente se trate de una estrategia de promoción efectista y no mucho más (por ejemplo el destino de la costa es un asunto de tipo legal, incluso el promotor de la consulta lo admite, por lo que ciertamente se está sentando un precedente de instancia suprajudicial bastante peligroso). Al mismo tiempo, a éstos vicios tan típicamente nacionales, se agregan algunas dificultades también profundas que creo es preciso mencionar. Me refiero principalmente a dos. En el mundo se da en la actualidad un estado de apatía política bien marcado. La participación ciudadana es moderada. Somos personas más preocupadas de nuestros asuntos privados que de los públicos. A esto, se agrega, creo, un segundo problema. El referéndum de Francia ha mostrado cristalinamente cuan fácil resulta desviar una consulta directa y simple sobre una cuestión pautada. Porque, la mayoría que votó no lo hizo para expresar su descontento con la pésima presidencia de Chirac y el temor que genera la entrada de Turquía en la Unión. Dos temas que en nada se relacionan con el texto constitucional. Así, la posibilidad de desvío sumada a la apatía contemporánea, socavan la precisión y eficacia de las consultas populares.

Digamos algo ahora de nuestro segundo grupo, el que contiene a quienes dicen plebiscitarse en las próximas elecciones. Aquí pienso que solapadamente se está intentando falsear la voluntad popular. Porque resulta muy difícil encontrar una asociación válida entre la reelección de, por caso, un edil incompetente o un mal presidente de Comuna con el futuro de la presidencia de Kirchner. De igual forma, ser un buen diputado nacional por la provincia de Santa Fe no se vincula necesariamente con estar ligado al intendente Lifschitz. Parecería que lo que se está buscando con esta actitud es un desplazamiento del eje de la votación. ¿Para qué? Probablemente para aumentar el poder de los ejecutivos municipal y presidencial respectivamente. Porque plebiscitarse y personalizar sirven para que el poderoso de turno aumente su cuota de poder cuando goza de simpatía y popularidad, pero cuidado que la postura Yo o los otros , otros normalmente presentados como diabólicos agentes del Mal, contribuye grandemente a la división y fractura de una sociedad.

Las opiniones expresadas en artículos publicados en www.fundacionbases.org no son necesariamente las de la Fundación Internacional Bases

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